Estimada doña María:
He recibido este correo de su parte. Le agradezco haberme incluido en la lista.
A raíz de mi cercanía con una de las personas que laboraban para la Unidad de Producción Audiovisual, de la Vicerrectoría que usted dirige (funcionaria que fue trasladada a otra oficina de la Vicerrectoría), hace más de dos años que conozco la situación que se ha presentado en esa Unidad con cuatro servidores de la Universidad que allí trabajaban.
Pero antes de referirme a este asunto es necesario que exprese que soy una profesora de la Universidad que a usted la ha estimado, respetado, admirado y apoyado siempre como usted lo sabe. Tuve la suerte de que usted fuera mi profesora en el posgrado, porque con usted llevé uno de los cursos de mayor calidad de mi Maestría, y también tuve la suerte de que usted aceptara ser lectora de mi tesis, porque me hizo observaciones que me revelaron una vez más su calidad profesional, aparte del compromiso con que asumió el papel de lectora.
También es necesario que exprese que igualmente estimo, respeto, admiro y no tengo inconveniente en decir que trabajé y voté con entusiasmo por la señora Rectora doña Yamileth González, en las dos ocasiones en que presentó su nombre para el cargo de la Rectoría. Cuando ha sido preciso apoyarla en las calles, allí he estado entre los primeros y primeras. La apoyé en la lucha por el presupuesto ante las circunstancias difíciles que tuvo que enfrentar, y hasta pude comunicarme con ella por la vía telefónica para decirle que podía contar conmigo.
Por qué explico esto. Lo hago para respaldar mi afirmación de que soy una persona amiga de la Administración de la que usted participa como Vicerrectora, y quejamás participaría de una campaña de desprestigio, que por lo que he vivido junto a esa funcionaria cercana sé que no existe ninguna intención de desprestigiarla a usted ni a nadie, y menos politiquería, sino defenderse, efectivamente, de una larga y agónica situación de acoso laboral.
Hasta hoy he guardado silencio porque soy simplemente una profesora universitaria, aunque cumpla ya 31 años de servicio incondicional a esta Benemérita Institución de la que siento orgullo como miembro de la comunidad universitaria y como costarricense.
Hasta hoy, respecto a este caso, me he limitado a darle apoyo emocional a una de las víctimas, a la que acompaño a tratamiento psicológico y a leer toda literatura que he podido con respecto al acoso laboral o acoso moral o mobbing como le llaman los especialistas.
Mis lecturas de las investigaciones de Piñuel Sabala, Hershcovis, Gimeno Lahoz, Leymnann y trabajos publicados por la Asociación Americana de Psicología (APA), y el sufrimiento de la funcionaria a que he hecho referencia, no me dejan duda de que lo que ha pasado en la Unidad de Audiovisuales de la VAS es un caso claro de acoso laboral.
Piñuel Sabala (psicólogo investigador de la Universidad de Alcalá) establece las fases del acoso laboral, pasos que uno a uno han vivido cuatro personas de la mencionada Unidad; como afirma Piñuel, la dinámica que se aplica para deshacerse del funcionario que resulta molesto al acosador, se dirige hacia el despido y es perversa. (Un artículo al respecto de este investigador se puede encontrar en la siguiente dirección electrónica: http:// acosolaboral.net/artículos- acoso-laboral.html).
Sufren de gritos, calificativos soeces, vigilancia y una campaña de desprestigio que los tilda de inútiles, irresponsables, indisciplinados, sospechosos de responsabilidad por la pérdida de equipo, no se les asignan funciones o se les da funciones muy por debajo de su calificación, lo que lo va minando psicológicamente, el aislamiento que es una de las prácticas más crueles: compañeros que no les dirigen la palabra, que se marchan del sitio donde se encuentran cuando ingresa el acosado, por temor a quedar mal con el acosador, etc.
Doña María: ¿es usted consciente del martirio que sufre una persona a la que no se le despide, pero tampoco se le nombra ni un día ni otro a lo largo de una quincena, y depende de su sueldo para alimentar a dos hijos, un sueldo que no es precisamnete el de un Vicerrector. Y después de enviar varias comunicaciones sin respuesta, finalmente le llega copia de un correo suyo en que se da la orden de nombramiento, pero pasan varios días sin que aparezca en el Expediente único? Yo tengo ese correo con fecha y hora de envío.
También explican los psicólogos lo que pasa con la autoridad superior del acosador. Este, a diferencia de su conducta con el acosado, es incondicional con su superior, respetuoso y colaborador, por lo que el superior no puede creer lo que realmente sucede con los acosados, apoya a su subalterno y entra en la cadena de condena a los acosados, que son el eslabón más débil.
Eso es lo que está pasando hace más de dos años, doña María.
En el link que consigné anteriormente se explica cómo y por qué inicia el acoso y el perfil psicológico del acosador.
El señor Pablo Ortega es el quinto del caso, y el más reciente. Profesor, a diferencia de los otros simples administrativos, se ha atrevido a levantar la voz. Uno puede estar de acuerdo o no con la producción audiovisual del profesor Ortega, ese no es el caso.
Teniendo como tengo los antecedentes, no puedo desligar el caso del profesor Ortega, que labora con apoyo de otros de los acosados, del caso de acoso laboral de la referida Unidad.
El profesor Ortega es uno de mis colegas profesores de la Escuela de Estudios Generales, donde se le conoce y respeta por su calidad académica.
Como este correo se me ha hecho largo, no comento hechos, graves en mi visión, en este prolongado caso, como la renuncia casi en pleno de una primera comisión investigadora de los hechos referidos.
Quiero expresarle que yo nunca imaginé el martirio que es el acoso laboral. Doy gracias a la vida que tanto en la Escuela de Estudios Generales como en el Instituto de Investigaciones Psicológicas tengo un ambiente laboral magnífico y respetuoso.
Pienso, con todo respeto que, aunque no exista legislación en torno al acoso laboral en nuestro país (carencia grave que espero pronto sea solventada), la Universidad de Costa Rica, por sus principios estatuidos, por los valores que representa, por su naturaleza humanística, no puede permitir ningún caso de acoso laboral y menos que se prolongue en el tiempo como ha sido este caso.
Sí, doña María, con el afecto y el respeto que sigo teniéndole como mi profesora, estamos frente a un caso de acoso laboral, no una campaña de desprestigio ni politiquería, y su autoridad y la de doña yamileth son clave para que la balanza se incline por los valores de nuestra Universidad o por una institución irreconocible que es la que, en silencio (así es el acoso laboral), se ha estado alimentando.
Un abrazo de su exalumna,
Olga Marta Rodríguez Jiménez.
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